Dicho lo anterior, se comprenderá entonces el daño que nos hemos auto-infligido, como el Partido de la fraternidad y la justicia social que declaramos ser, al guardar oficial silencio y mirar a otro lado frente a los aberrantes ataques con bombas de racimo y bombas fósforo realizados por la aviación israelí contra poblaciones palestinas inermes en la Franja de Gaza. Como consecuencia de esos ataques que se prolongan hasta estos días han muerto más de 1,200 seres humanos. Cierto, entre esas víctimas, hay una importante cantidad de militantes o combatientes de Hamas - organización considerada terrorista por muchos y que ha realizado también ataques contra gente inocente y que en su momento deberán responder por sus delitos -. Y conste que en estas líneas no voy a desarrollar sobre el silencio político del Estado peruano, más allá de algunas tímidas declaraciones de algún funcionario para cumplir con decir algo, si es que ellas se han producido. ¿A propósito, sirven de algo los Convenios de Ginebra de 1949 (Derecho Internacional Humanitario) sobre obligaciones humanitarias de los cuales el Perú es signatario?
Los datos confiables informan al mundo que de las más de 1,200 personas muertas hasta hace unos días en la Franja, 277 han sido niños palestinos, muertos en sus hogares, en sus escuelas, caminando en las calles de sus barrios.
¿Qué significa el silencio oficial del APRA ante esta masacre de seres indefensos absolutamente inocentes?
Lo dicho hasta aquí no significa de ninguna manera desconocer el derecho de Israel y del pueblo judío, dentro de su territorio y con otros pueblos, a vivir una vida en paz y sin amenazas. Mismo derecho que asiste al pueblo de Palestina.
En los años 70, escuchando a Haya de la Torre y leyendo sus artículos, muchos jóvenes apristas desarrollamos una sincera simpatía por Israel y su derecho a existir, en solidaridad, además con los millones de víctimas judías y otras minorías étnicas a manos de las hordas nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Esos delitos contra la humanidad cometidos por los nazis de Adolfo Hitler fueron materia de juzgamiento en los juicios de Nuremberg y ha quedado en la conciencia de la opinión pública mundial que allí se hizo justicia reparadora a esos millones de víctimas inocentes. ¡Allí todos fuimos judíos!
Como hoy el Partido debió decir claramente: ¡Todos somos palestinos!